
Este número parte de una intuición incómoda: la crisis de los sistemas de salud no puede explicarse sólo por la escasez de medicamentos, la falta de camas o los presupuestos insuficientes. Todo ello importa, pero no agota el problema. Detrás del relato habitual sobre el colapso sanitario hay otra verdad más perturbadora: muchas de las tragedias que ocurren en los hospitales no se deben únicamente a la carencia de recursos, sino también a la negligencia, la indiferencia, la mala organización, la opacidad institucional y la erosión de una ética del cuidado. A esa otra cara del sistema de salud la nombramos aquí infiernos hospitalarios.









Eduardo Garza en conversación con Verónica Villegas
