REGISTRO DEL TIEMPO
10/6/2026

Caminata por los desaparecidos

Alba Rodríguez

Hoy se me dijo que es mejor escribir de lo que se ama con pasión que de lo que se odia con encono. Esto también es aplicable fuera del ámbito de la escritura e incluso sirve como brújula moral.

Pensando en lo que detesto, aborrezco sin límites la injusticia y la indiferencia ante ella, pero mi desprecio hacia los apáticos realmente no ha dado frutos. La contraparte amorosa es la compasión por quienes han sufrido la injusticia, y me pregunto entonces qué significa, en la práctica, tal amor.

¿Qué hace una ante un ser amado que sufre? ¿Qué respuesta puede tener una ante la perversidad y la tragedia? El silencio. La compañía. Una acuerpa lo mejor que puede y se conduele, porque intentar consolar a quien sufre por circunstancias que le superan es como intentar tapar el sol con un dedo.

¿Qué fuerza tiene una frente ante la miseria que la supera y el mal que no cesa?

Le (sos)tiene la fuerza ajena. Le transmite la empatía y la cercanía de quien le acompaña. Una resiste el embate del mundo porque no lo hace sola.

Insisto en mi apología de las protestas públicas, a modo de recordatorio y aliciente; a modo de testigo del esfuerzo por no desesperar y seguir creyendo que, aunque aparentemente no sea tan efectiva como el mal, la bondad es al menos tan persistente como este, y que, aunque no sea evidente, hay que seguir eligiéndola constante y conscientemente.

Con la perenne esperanza de quien espera lo imposible, hoy —10 de junio de 2026 a las 19:00 hrs en la estación Registro Federal del Tren Ligero— salen nuevamente las Madres Buscadoras a clamar por sus hijas e hijos —ante el espectáculo del momento, el derroche de recursos y el despliegue del Estado—, a demostrar que ellas no se distraen, no olvidan y no perdonan las ineptitudes del Estado.

Ojalá que la sociedad mexicana, proverbial fuente de empatía y solidaridad, recuerde que tiene un deber primero para con su patria y con los padecimientos que la aquejan. No así con un equipo deportivo ni con la satisfacción de su propio aburrimiento.

Y si no fuere así, que la Historia se lo reclame.

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