Número 24. Infiernos hospitalarios

Desmembrar el espacio (y el tiempo). Dos aproximaciones desde la fotografía

Francisco Garza
Columna

En la última entrada de esta columna, titulada “Cuestión de perspectiva” y publicada en el número 22 de esta revista, planteaba que la tesis Hockney-Falco reconoce en la historia del arte europeo clásico dos estrategias para plasmar la ilusión de tridimensionalidad en un plano bidimensional y, con ello, dos formas de abordar la perspectiva. La primera, más conocida, es la técnica florentina de la perspectiva lineal; la segunda, corresponde a la técnica de los maestros flamencos y procede de una sumatoria de encuadres ópticos. A Hockney le entusiasma particularmente esa segunda aproximación a la perspectiva, puesto que renuncia a una supuesta pretensión de objetividad en favor de una recreación más inmersiva en un espacio. Así lo podemos ver en muchas de sus obras de pintura y fotografía.

También mencioné que la existencia de este tipo de descubrimientos contemporáneos entre sí implica que la originalidad (donde la haya), incluso la autoría individual, son fenómenos sobrevalorados por una modernidad obsesionada por los juegos suma cero (alguien debe perder para que alguien más pueda ganar). En su introducción a El mundo alucinante, Reinaldo Arenas se sorprendía de que la crítica hubiera encontrado una influencia de obras como Cien años de soledad en su novela, siendo que ésta se había publicado tres años antes que la de García Márquez: “He aquí una prueba irrebatible […] de que el tiempo no existe.”

Ya con este escepticismo por la originalidad individual y, sin saberlo, con aquel entusiasmo por las imágenes que rompan con la mirada unidireccional, alguna vez quise fotografiar una cascada que no me cupo en una sola foto, de modo que tuve que desmembrarla.

Tiempo después, ya con mayor conciencia de estas propuestas estéticas quise repetir el ejercicio ante un atardecer en mi azotea. Me bastó con dos fotos para completar la imagen que quería capturar, pero repetí el ejercicio en cuatro ocasiones conforme oscurecía, de modo que no sólo se logró una fragmentación espacial, sino también temporal. Aquí el resultado.

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