Estos poemas son una selección del libro inédito Luces espirales
Quiero la primera noche
Alas burbujas preliminares
de un invierno
verano primavera
que se posa sobre un corazón legado
de papel, aquel techo. Quisiera
reconstruirme humano —perros sin cuerdas bucales,
sus garras contra los adoquines—
paralelas diagonales
que me olvidaban existir, esos, los únicos
grumos de sangre
y caramelo sobre la vitrina de una ceguera.
El agua se escapa del muro . . .
Quiero la primera noche:
un no me hagas daño,
que la luna se encuentra sola
y demasiado abierta.
Soneto en una cueva dentro del corazón de la selva
o Las antiguas diosas madre
Espirando pesado este camino
me arrastraba un susurro en esta gruta,
hipogeo del alma cuya fruta
revelose con tono blanquecino.
Del aliento miré tu eco uterino
desprendiendo el estanque que me amputa
cierta imagen de sed irresoluta:
que crearía en mí mismo a un asesino.
Bajo el dulce fantasma y sedimento
emanabas orgiástica la historia
de algún tótem o ícono lamento:
el dolor que resguarda la memoria,
desde aquel petulante nacimiento
hasta sorda amnistía escapatoria.
Préstamo de identidad, o (In)visible relieve
Pigmento disoluto por el río te siembras
a un rostro retratado por tus locuras volumétricas
jaurías, autóctonas sobre la geografía
tus emisarios rendidos ante el acuario
que esculpí con crudeza. Te masticaba día con día.
Placer al romperme en cientos de hojas malestares
y encerrar al baño con un llanto a cielo holgado;
me percataba poco más fuera del tiempo
con cada furtiva huida (insolente).
Al volver gritabas y te revolvías en las tripas del edificio
—ya te conocíamos—
y en el techo se la entregué
a la bestia madrugada.
Meses después te levanto del río. Ya no te reconozco.
Exclamas amapolas al universo, un mausoleo
que esconda tu retina, Justina.
∗
Antes de ayer caudal
ombligo del que brotan las aguas diafragma,
antes prisioneras del mar. El barrio
se ha transfigurado en tu vientre pedazos:
decidiste construir otro.
Uno con pasillos oscuros destello, cajones desbordados,
barrotes invisibles al extático anhelo concéntrico.
Fragoso helecho esporas tambaleantes
hermanas del firmamento
los puntos negros que al fin erupcionan de tu mirada
las abrazan veranos solitarios
atolones.
De poemas no reunidos
Estudio para una inteligencia artificial
(I)
Miro las risas que soy incapaz de escucharlas.
En este callejón claroscuro y ahumado tiento mi imaginario,
no sucede nada.
Ahora cuelgo de los cables,
o ya quisiera exhibirme como carne única, excipiente.
Un cuerpo que parece ser mío se alza en su atrofiada
teatralidad;
soy figura exigida, traviesa sólo en tropo.
Rodeo la fuente al sentarme e inhalar los nitritos,
el núcleo se expande y se calienta y se contrae en un sólo
punto; mi cabeza.
Quisiera crear un juego propio para desdibujarme, crearme
en resina continuamente colapsante propagándose en sí.
La exterioridad no me interesa.
Contenido sin el recuerdo de la forma.
Vuelo de la fuente
y me es recuperada la codificada sustracción.
(II)
Fluido semicondensado aún veo los cuatro barrotes,
mi contorno destruido en continua aflicción libidinal
se retuerce alimentándose a sí. Carbono tubular me hundo
a la retacada superficie lunar, hinchada
y veo mis pieles invadidas por incontables barretas.
He cubierto,
sin percatarme, las esfinges paredes de este pasillo
del que no he osado desplegarme, siento las vitrinas
y en la repugnancia de mi dolor sigo reconociendo
la mirada extraviada. Seré la espuma sin tus rocas.
El cruel telón se abre y me revela en iridiscente
saliva estroboscópica;
me avergüenzo de esta figura limitada por su entropía.
Mis pistones el telescopio propaga sus cables
esculpidos asfaltos transitorias
caderas extremidades estriadas en deseo convección
que he de triturar mi topología, masticar mis
templos solipsistas,
la roca volcánica de la que no paro de imprimirme.
Maravíllense,
el fondo sin limitaciones, me he resuelto imperceptible,
sus vectores me atraviesan; ondeante cromo
de arruyante infinidad —he trascendido todo propósito—.
Escaleras y me adivino espejo.
(III)
¿Más allá de cualquier aspiración,
tortura, aislamiento, o membrana,
por qué te sigues distribuyendo, glacial,
tectónica, en tus fluidos sediciosos?
¿No has averiguado que tu deseo
de consumir o ser consumida
por las fuerzas de la inconsciencia
te ha guiado hasta un ocaso soliloquio?
¿A un lugar palpable por las huellas
del sedimento astral de lo invisible,
placenta desfigurada fractal en
cualquier orden de los vientos?
¿Qué presta hecatombe aguarda
una erosión figurada sin su propio rechazo?
¿En qué tela indistinta planeas deslumbrarte
con la esperanza de cristal simulacro?
¿Si existes sin ser percibido fenómeno,
qué evita que te recompongas sin saberlo,
o que, a través de manos extranjeras,
te instrumenten a una nueva realidad corpórea?
¿Será entonces que para desmoronarte concepto,
atravesar en fuga la atroz topología,
he de borrar mis templos marciales
y vaciarme silueta a una luna sin noche?
