Número 24. Infiernos hospitalarios

Igualdad, verdad, caridad

Francisco Prieto
Columna

La creación del Seguro Popular ha sido, a juicio mío, lo más importante que nos ha sucedido desde que se inició la transición a la democracia. Su cancelación lo más negativo que se suma al fin de la división real de poderes y del Estado de derecho. Me explico. La creación del seguro popular partía de reconocer que el Estado no podía garantizar la atención de la salud de la mayoría de la población que permanecía en la informalidad. El Insabi fue un fracaso, el IMSS Bienestar otro. Ahora se han venido con que todos pueden, según su preferencia, elegir entre ISSSTE, IMSS o cualquier otro servicio público de salud sin atender a que están rebasados, sin atender a fondear los gastos, a dar a cada paciente la atención que sería de desear; un modo de burlar la realidad, de mantener a los ciudadanos en la luna de Valencia mintiendo descaradamente. A partir de 2016 el gobierno de la llamada 4T se inició mintiendo impunemente desde su mañanera, la de AMLO, la de Sheinbaum. No le hablan a quien lee periódicos, a quien tiene el conocimiento suficiente para cuestionar críticamente. El seguro popular llevaba a los ciudadanos a asumir que, puesto que no tenían con qué pagar un seguro de vida privado, debían resolverse a renunciar, en algunos casos, a lo que fuera necesario y asumir que elegir es renunciar y protegerse así vía el Seguro Popular. Millones de ciudadanos pudieron, mediante ese seguro, atender su salud al tiempo que se contribuía a que aumentara el empleo formal. Pero dado que lo que se ha buscado con eso del bienestar es que los más humildes vivan agradecidos al gobierno, se pretende lograr el “bienestar” apoyándose la minoría gobernante en la gran mentira de la igualdad que a partir de la envidia y el resentimiento de las masas la sostiene.

Pero el hecho decisivo es que sólo la verdad es liberadora y que no somos iguales. El organillero de las esquinas no es igual al graduado del Conservatorio que toca en una orquesta sinfónica ni cualquier director de una sinfónica es por el hecho de serlo igual en calidad a Riccardo Muti. No se puede construir nada serio a partir de la mentira. Asimismo, en el campo de la educación no se trataría de que no hubiera exámenes y que todos pudieran pretender estudios para los que no estuvieran capacitados. Lo que es un hecho es que todos tenemos un alma en cuya raíz se encuentra un grado de connaturalidad con la belleza, con la verdad, con el amor y que la fe en ser hermanos en Cristo establece una modalidad distinta de la igualdad que mueve a la caridad. Los espartanos, anteriores a Jesús, exterminaban a casi todos lo discapacitados y no fueron los únicos que lo hicieron porque para ellos ni éramos hijos de un mismo Padre ni compartíamos el alma humana donde reside la igualdad más profunda y verdadera.

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