Número 24. Infiernos hospitalarios

Notas sobre el "Sitz im leben" de Jean Robert

Patricia Gutiérrez-Otero
Columna

Cada disciplina tiene su propia metodología y paradigma. En la rama de estudio que es la mía, la teología, una de las herramientas exegéticas para comprender una obra bíblica es lo que en alemán llamaron el Sitz im leben. Esta frase se puede traducir como la “posición en la vida” o el contexto vital. Se trata de situar el texto en su contexto para comprenderlo mejor.

No hay un texto puro que no esté situado en una línea de pensamiento, también lo está en una historia y en una geografía concretas, es decir, en una cultura determinada. En un sentido muy amplio es importante conocer en dónde se fragua, qué elementos intervienen en su composición y yendo más lejos —hacia otra rama de la exégesis— hasta quién es el autor y cuáles son sus fuentes de información y de formación. Situar de manera particular el pensamiento de un autor o de un texto no le resta universalidad, por el contrario, esa misma particularidad lo abre a lo universal. En este caso lo aplico a un pensador, no a un texto

El pensamiento de Jean Robert (Moutier, Suiza, 25 de mayo de 1937-Chamilpa, Morelos, México, 1 de octubre de 2020, día del arquitecto) se gestó en la Suiza de su Rauracia natal, en el Jura. ¿Qué significaba nacer en ese lugar rural y en ese tiempo de guerras en un país neutral? ¿Qué relación tenía con un espíritu libertario que luego se reafirmaría en Ámsterdam y terminaría apoyando al movimiento zapatista de liberación nacional en un lejano México? ¿Qué espíritu animaba al joven Jean que lo hizo dejar profesión, hogar, patria, certezas para salir en búsqueda de un pensador sin fronteras e iconoclasta como Iván Illich e iniciar una obra propia desde su formación como urbanista que se centraba en la crítica a la ciudad y el automóvil? Sería pretencioso en este momento hacer un estudio exhaustivo sobre el tema. Sólo daré las luces que en este momento tengo sobre Jean mismo, esperando intercambiar con las que otros amigos suyos aporten para construir el Ssitz im leben de Jean y su obra. Además, compartiré con los lectores fotos inéditas de Jean y su familia que el mismo Robert me envió.1

Dividiré esta exposición en tres partes asimétricas. Primero, los orígenes de la tierra donde nació y creció nuestro autor; segundo, la influencia anarquista en la región; tercero, la elección de pasantías en el extranjero.

“Las voces de un terruño”

El 25 de mayo de 1937, en Moutier, un pueblo de la región suiza del Jura, nació Jean Robert, primogénito de Charlotte Alice Jeannet Neuenschswander y de Max Oscar Robert Bigler. Posteriormente llegaron al mundo sus dos hermanas, Hélène y Francine. Este pueblo fue fundado en el siglo VII alrededor de la abadía benedictina de Moutier-Grandval. En esta región del Jura destaca también un pasado celta. Más o menos en el año 400 antes de nuestra era, un grupo celta de rauracianos se estableció en el cantón del Jura. Queda abierto el estudio de las formas de ser de estos celtas, aunque en general se considera que, aunque tenían organizaciones sociales piramidales, la participación de las mujeres era muy alta. Varios siglos después, en los años 1792 y 1793, surgió una efímera República rauraciana (que incluso tuvo una moneda propia, según recuerda Jean2) alrededor de las montañas jurásicas ligada con la Revolución francesa, por lo que el lugar quedó en manos de comités revolucionarios. Esta República se disolvió con rapidez.

Pensadores y activistas del Jura estuvieron presentes en la Primera Internacional o Asociación Internacional de Trabajadores (AIT), fundada en Londres en 1864. La Primera Internacional convocó inicialmente a sindicalistas ingleses, anarquistas y socialistas franceses, e italianos republicanos. Sus fines eran la organización política del proletariado en Europa y en el resto del mundo, así como un foro para examinar problemas en común y proponer líneas de acción. Participaron en ella Karl Marx, Friedrich Engels y Mijaíl Bakunin. Las diferencias de posición entre marxistas y anarquistas rompieron la unidad de la Primera Internacional,3 por ello en el Congreso de La Haya de 1872 la Federación Jurasiana, de la que hablaré más abajo, fue expulsada para transformarse posteriormente en la Internacional Socialista de Saint-Imier. Señalemos, sin embargo, que la importancia de la Federación Jurasiana fue tal que el ruso Piotr Kropotkin dio un giro hacia el anarquismo gracias al conocimiento directo de este movimiento. Así escribe en Memorias de un revolucionario:

[…] las igualitarias relaciones que encontré en las Montañas del Jura, la libertad de actuar y pensamiento la cual yo vi desarrollarse en los trabajadores, y su ilimitada devoción por la causa, apelaron fuertemente en mi sentir; y cuando yo me fui de las montañas, después de permanecer una semana con los relojeros, mis visiones del socialismo fueron establecidas. Yo era un anarquista... (Memorias de un revolucionario. El subrayado es mío.).4

La Fundación Jurasiana o Federación del Jura fue creada en noviembre del 1871 por, entre otros, James Guillaume, escritor, traductor, historiador y anarquista de ascendencia suiza (hijo de un republicano), fundador de la Internacional de Saint-Imier, cuyo trabajo principal fueron 4 tomos titulados L’Internationale: Documents et souvenirs, así como su edición de los trabajos de Bakunin: “Ideas sobre la organización social”.

Las elecciones de juventud

El joven Jean participó en un grupo antimilitarista en Suiza (Servicio Civil Internacional) fundado por Pierre Cérésole (1879-1945), un ingeniero de origen protestante que conoció a Gandhi en Ginebra y con quien Jean compartía el afán de paz aunque entre ellos hubiera acuerdos y desacuerdos, uno de estos últimos fue la idea de Cérésole de colaborar con cualquier tipo de gobierno. Esto lo llevó a intentar ir a Alemania en 1933 a dialogar con Hitler cuando éste llegó al poder. El encuentro no ocurrió. Aquí aparece ya una relación de pensamiento contestatario entre Gandhi-Céresole-Robert, aunque con diversos acentos sobre el tema.

Jean Robert decidió entonces estudiar arquitectura y hacer dos pasantías en  Ámsterdam. Allí se unió al movimiento CoBrA5 de postura anarquista, que en ese momento encabezaba el artista holandés Constant Nieuwenhuijs (1920-2005). Nieuwenhuijs practicaba el “arte de situación” (teorizado por Guy Debord en Bruselas) y tenía una marcada influencia marxista sobre la función del arte en la sociedad. Jean confiesa que, en ese momento, 1963-1964, los participantes de ese movimiento, en su lucha contra la introducción de coches en la ciudad, “no lidiaban vacas machas con cuernos afeitados, sino coches, las verdaderas vacas sagradas de la civilización industrial”. En este punto en el que urbanismo y la política se unían, Jean vivió un tema que estará presente a lo largo de su vida, tanto personal como teórica: la terrible irrupción del coche en la vida de las ciudades con todas sus temibles consecuencias. Para él, “la civilización automóvil zapa las bases mismas de la autonomía”. Para profundizar en este tema habría que revisar también el manifiesto que Constant escribió cuando se fundó el Grupo Experimental de los Países Bajos: "El niño no conoce otra ley que su sentimiento espontáneo por la vida y no tiene más necesidad que expresarlo. Lo mismo se puede aplicar a las culturas primitivas, y es ésta la característica que le da ese encanto tan grande para la gente de hoy, que debe vivir en una atmósfera enfermiza de falta de autenticidad, mentiras y esterilidad. De ahí una frase conocida de Constant en el Manifiesto que dice: "Un cuadro no es una estructura de colores y líneas, sino un animal, una noche, un grito, una persona, o todo eso junto".

Fue allí en Ámsterdam (una ciudad que fue también muy marcada por el anarquismo), alrededor de 1964, durante su estancia estudiantil en arquitectura, donde Jean tuvo su primer contacto con el activismo anarquista ligado con los peatones y los coches. En un artículo que primero apareció en la revista Ixtus (en la que participó muy activa y entusiásticamente durante varios años) titulado “Confesiones de un toreador toreado”, firmado bajo el seudónimo de Émile Zapotek, y que posteriormente eligió como uno de sus textos para publicar en la ya mencionada revista Unidiversidad, este activismo, liderado por Constant Nieuwenhuis, consistía en molestar la circulación de automóviles de motor repartiendo volantes, metiendo papas crudas en los escapes, toreando a los coches con bicicletas pintadas de blanco para simbolizar “instrumentos públicos de autonomía”. Los “maestros” como Constant pensaban y escribían artículos, lo que posteriormente Jean hizo también en la lucha contra el Casino de la Selva en Cuernavaca: un fuerte impulso en esta lucha venía de un serio sentido de responsabilidad, porque en esta destrucción multipolar participaban alumnos suyos de urbanismo que no había logrado orientar hacia su posición crítica. Dice Jean sobre la lucha en Ámsterdam: los maestros “escribían libros y artículos en los que explicaban los principios de la asociación libre y mostraban cómo la civilización automóvil zapa las bases mismas de la autonomía. Sus maestros eran los grandes libertarios del pasado.” Casi para cerrar esta columna, Jean confiesa: “Ahora, ya canoso, toreo coches con una pluma en vez de con un estoque”. Por cierto, el mundo de los libros no es ajeno a la cultura familiar de Jean, pues su padre y abuelo fueron impresores.

Los pendientes

Habría que seguir ahondando en este movimiento ligado con Constant, con quien Jean participó en la lucha contra los coches en la Ámsterdam de 1942-1943. Aquí ya no podemos hacerlo, sino apenas señalar otra pista para el Sitz Im Leben de Jean Robert, ¿dónde y cómo conoció el pensamiento de Ivan Illich a quien encontró en Cuernavaca, Morelos, México, a donde llegó a vivir? Posiblemente su primer contacto haya sido a través de un artículo de André Gorz en la revista Le Nouvel Observateur sobre el Centro Intercultural de Documentación (CIDOC) que Iván Illich fundó en Cuernavaca, Morelos, en 1966. También cabría indagar sobre la relación de Jean con las comunidades zapatistas de Chiapas de orientación anarquista, a las que viajó varias veces, sin por ello abandonar su apoyo abierto al proyecto de la Cuarta Transformación. Anarquismo, sí, pero no absoluto, quizás aquí influía en Jean lo que él llamaba “la cultura material”.

La invitación a seguir construyendo esta investigación queda abierta, pero también los invito a ver las fotos de un hombre que fue leal a sí mismo y a su historia.

Jean, 2 años.

Foto superior. Jean, primero a la izquierda, con su hermana Francine y un amigo. Foto inferior. Jean a los dos años, ¿con su padre?
Jean, 8 años.

Jean con sus hermanas Hélène y Francine

Jean Robert en la primera marcha del Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad, desde Cuernavaca a CDMX, mayo 2011 (Cortesía de Adriana Hernández)

1 Estas fotos debían acompañar el número 36 dedicado a Jean Robert que coordiné para la revista Unidiversidad (BUAP, 2020), pero finalmente no se publicaron. Sin embargo, recomiendo ampliamente la lectura de este número: https://unidiversidad.com.mx/publicaciones/sobre-jean-robert/

2 En el mismo número de Unidiversidad hay una breve entrevista que hice con Jean Robert sobre sus orígenes e influencias, titulada “Momentos de una historia”, p. 6. Lamento no haberme extendido más, pero uno no imagina que la vida del otro puede terminar antes de realizar algo con él.

3 “Las grandes tensiones, fruto de las diferencias programáticas existentes entre Marx y los partidarios del socialismo, por una parte, y Bakunin y los partidarios del anarquismo colectivista, por otra parte, llevaron a la escisión entre ambos sectores: los marxistas proponían la formación de una internacional de partidos obreros fuertemente centralizados, con un programa de mínimos basado en la lucha por conquistas sociales y laborales concretas, y uno de máximos basado en la lucha por la revolución social a través de la conquista del poder del Estado, mientras que los anarquistas postulaban un modelo revolucionario basado en la organización asociativa-cooperativa (federalismo) que pregona el poder de decisión por medio del consenso.” La primera Internacional, Wikipedia.

4 No puedo dejar de citar aquí lo que en la misma entrevista de Unidiversidad, op.cit., p. 7, Jean Robert dice sobre los relojeros del Jura: “Es importante hacer un paréntesis sobre la importancia de la relojería en esta región. Desde Daniel Jean-Richard, un ‘espía industrial’ fundador de la relojería jurasiana y, en consecuencia, de su filial ginebrina –véanse las grandes marcas como Piaget–, la relojería fue una actividad de campesinos que tenían largos meses de invierno libres para realizar otras actividades […] Con la industrialización, los relojeros se afiliaron a la Segunda Internacional, que tras el fracaso de la reunión de la Haya, se estableció cinco años en Saint-Imier (1872-1878), un pueblo vecino a Moutier”.

5 CoBrA (fundada en 1948 y disuelta en 1951) representa los acrónimos de los países de origen de los fundadores de este movimiento artístico contestatario del arte convencional quienes se encontraron en París: Copenhague, Bruselas y Ámsterdam.

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