(trad. Carlos Carmona)
Durante la cuaresma, se nos lee la historia de la resurrección de Lázaro a manos de Jesús. No es necesario reproducir aquí la narración, es fácilmente consultable en el capítulo XI del evangelio según San Juan.
Se han escrito miles de libros, artículos y tesis sobre los cuatro evangelios, sus diferencias en estilo, autoría y en la “voz” de Cristo. Lo anterior nos permite hacer una gran distinción sobre tres de los evangelios —conocidos como sinópticos (que se “ven juntos”)—, respecto del Evangelio según San Juan (el cual aporta una mirada diferente). El relato de Lázaro no llega a las mil palabras y, sin embargo, tengo dos problemas con él: 1.- no creo que haya sucedido; y 2.- la historia revela una parte del carácter de Jesús profundamente desagradable y, en consecuencia, poco verosímil.
Comencemos por el segundo de los problemas: Jesús se nos presenta profundamente conmovido (Juan XI, 34), lo que se hace patente en el versículo más breve de toda la Biblia (Juan XI,35): “Jesús lloró.” No hay nada de reprochable en esto, contemplar el lado humano de Jesús es algo digno de ser atesorado. Sin embargo, al observar la escena con mayor detenimiento, en toda ella resuena un acorde cargado de notas falsas. Cristo llora al amigo que ha muerto, pero que sabe que resucitará sólo unos momentos después. Ese llanto no puede ser sino impostura.
Ya antes —en ese mismo capítulo— ha jugado con sus discípulos: sugiriendo que Lázaro no está muerto sino dormido y que irá a despertarlo (Juan XI, 12). Después, de manera abrupta, nos vuelve a la realidad: “Lázaro ha muerto, pero yo me alegro por ustedes de no haber estado allí, pues así ustedes creerán. Vamos a verlo.” (Juan XI, 16) La frase resulta extraña, hay en ella algo hosco, caprichoso, casi teatral. Lo ha dejado morir para después resucitarlo: “…cuando se enteró de que Lázaro estaba enfermo, permaneció aún dos días más en el lugar donde se encontraba” (Juan XI, 6). Luego, finge que llora a su amigo para momentos después llamarlo fuera del sepulcro. Todo el episodio dibuja a una persona manipuladora, que juega al gato y al ratón con quienes de manera implícita confían en él, mintiendo incluso, si no con sus palabras, con sus actos.
Más allá de esto, el primero de los problemas persiste, ¿resucitó Jesús a un hombre llamado Lázaro? Dejando de lado la evidencia interna: San Juan es prolijo en detalles, dice que Betania está “a unos tres kilómetros de Jerusalén” (Juan XI, 18) y describe el hedor de la descomposición tras cuatro días en el sepulcro (Juan XI, 40). Es uno de los milagros más públicos de los narrados en el Nuevo Testamento. Fue presenciado por una multitud y, según el evangelista, su impacto fue tan poderoso que se convirtió en uno de los motivos por los que los sumos sacerdotes decidieron arrestar a Jesús (Juan XI, 48-50). La gente seguía a Cristo porque había presenciado el prodigio: la resurrección de Lázaro a una nueva vida.
De ser cierto, resulta completamente inconcebible que un acontecimiento de tal magnitud no dejara rastro —ni siquiera una alusión— en el resto del Nuevo Testamento. Por encima de todos los acontecimientos narrados, desde el nacimiento hasta la muerte de Cristo, este milagro hace patente —erga omnes—, el poder de Dios. Sin embargo, no se nos menciona en ningún otro lugar, únicamente en este pasaje.
Los Evangelios son textos fascinantes, dan origen a una nueva forma de creación literaria. No son biografías en sentido estricto. No pretenden ofrecer una relación exhaustiva y cronológica de hechos y detalles. Los Evangelios buscan transmitir un mensaje que proclama una nueva vida, un mensaje que entusiasmó a sus autores y está destinado a entusiasmarnos. Fueron concebidos como documentos probatorios, destinados a demostrar verdades de la mayor importancia. Si Lázaro hubiera resucitado de entre los muertos, Mateo, Marcos, Lucas —y, Pablo, cuyas epístolas son anteriores a los Evangelios— lo habrían sabido, y nada en el mundo habría podido impedirles contárnoslo.
Arte en portada
Resurrección de Lázaro, Juan de Flandes, 1514


%2010.10.39%E2%80%AFp.m..png)

%209.55.14%E2%80%AFa.m..png)

%208.55.13%E2%80%AFa.m..png)