REGISTRO DEL TIEMPO
12/8/2026

¿Hay ya demasiada música?

Sir Stephen Hough

Traducción de Carlos Carmona

¿Hay ya demasiada música? Como músico, se espera que disfrute de la música en todas las circunstancias, pero ¿es posible que ya haya demasiado de algo que, de suyo, es demasiado bueno? Dejando a un lado la ubicuidad de las grabaciones y lo accesibles que pueden ser —gracias a los teléfonos que llevamos en nuestros bolsillos (otro tema fascinante)—, ¿qué sucede con esa música “de fondo”, pasiva, decorativa, que se emplea para llenar un hueco?

Las vibraciones sonoras han atravesado el aire desde aquel poderoso acorde primordial, el “Big Bang”. Sin embargo, la música implica un orden en esas vibraciones, una selección y una apreciación. El primer intento de creación musical debió ser aleatorio; después fue aprovechado por su utilidad: un grito de guerra, quizá. Gradualmente, el ritmo y la melodía que transportaban el belicoso mensaje habrían de perdurar al margen de las palabras. Hasta que se descubrió el poder de seducción de la música, libre de toda función utilitaria. El grito de guerra se convierte en canto de guerra y, después, en arrullo. Un arrullo cuya cadencia nos sugiere ternura y cuyas rupturas intuimos como punzadas de tristeza.  

El problema de la música enlatada de nuestros días es que nos devuelve a esa concepción utilitaria de la música. Sustituimos la especificidad de una pintura por la banalidad de un papel tapiz, sometida al capricho de un decorador y no a la meticulosa elección de un curador. Un ruido desechable que sirve para cubrir la incomodidad que nos produce el silencio, una suerte de hojita de parra. Así como el incesante picoteo de golosinas nos quita el apetito por el plato principal, el incesante tintineo de la música sintética embota el oído y nos vuelve insensibles a lo verdaderamente importante.

La música puede entretener al mismo tiempo que elevar, pero nunca anestesiar. La más grande canción de amor (Lied) de Schubert no fue una de las muchas que dedicó a otro ser humano, sino «An die Musik», una canción de amor a la música misma. La música debe ser siempre algo especial, siempre algo escogido, siempre una elevación del espíritu.

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