REGISTRO DEL TIEMPO
22/7/2026

Sobre Odiseo, Nolan y la politropía

Gustavo González Pacheco
[...] dejemos a Homero, puesto que es imposible preguntarle qué pensaba al escribir estos versos.
Hipias menor
, 365c8-d2.

Canta, ¡oh Musa!, aquel héroe siempre vario, sagaz, astuto y en ardid fecundo […]”. Así comienza la traducción de la Odisea que Antonio de Gironella publicó en 1851. Pocos versos iniciales son tan memorables como este. Habría que contarlo junto con Génesis 1.1, el principio del Evangelio de Juan, la referencia al lugar de la Mancha y, por supuesto, el canto de la cólera de Aquiles. Homero –si es que fue Homero– comienza su narración del regreso a Ítaca tildando a Odiseo de polýtropos, epíteto que sólo repite en el Canto X, pero que ha sido sinónimo del héroe aqueo. Es difícil transmitir el sentido del término: Odiseo es “siempre vario, sagaz, astuto y en ardid fecundo”; Pedro Tapia prefiere ‘muy versátil’, mientras que José Manuel Pabón lo denomina ‘el hábil varón’. En inglés tampoco hay consenso: Butler usa ‘many-sided hero’, Murray prefiere ‘man of many devices’ y Fitzgerald lo describe como ‘skilled in all ways of contending’. La dificultad de traducción nos habla de la complejidad del término, así como de la complejidad del personaje. Polýtropos puede referirse a los muchos giros que Odiseo tuvo que sufrir en su viaje desde Troya, así como a su versatilidad para sortearlos y también a la astucia y a los engaños que le caracterizan.

La profesora Emily Wilson se enfrentó a este reto en la versión en inglés que publicó en 2017. Con un esfuerzo por dar “nueva vida a la épica antigua” —como se describe en el sitio web de la profesora— utiliza el pentámetro yámbico para transmitir el ritmo del hexámetro homérico y emplea lenguaje contemporáneo para dar claridad al texto. Aunque muchos han elogiado la nueva versión, otros han criticado su aproximación modernista por desdibujar las sutilezas del ‘original’ o por seguir una agenda woke. El primer verso se ha convertido en un enclave de la batalla cultural. Supuestamente inspirada por la letra de una canción en la película Shaft (1971), Wilson traduce “Tell me about a complicated man”. Sobra decir que esta decisión resultó controvertida. Independientemente de las críticas académicas y de las vociferaciones en redes sociales, es un hecho que la nueva versión de Wilson ha permitido que miles de nuevos lectores se acerquen al poema homérico; hay mucho mérito en ello.

Este año, Christopher Nolan ha protagonizado una controversia análoga, en las proporciones correspondientes a un blockbuster hollywoodense. Con un presupuesto de 250 millones de dólares y una duración de 173 minutos, Nolan presenta su adaptación de la Odisea en el despampanante formato IMAX de 70 mm. Como de la traducción de Wilson, se ha hablado mucho de la película. En cuestión de reparto, se ha criticado a Nolan por incluir a Lupita Nyong'o como intérprete de Helena de Troya, a Travis Scott en el papel de Demódoco, el aedo, y, aunque resultó ser falso, por escoger a Elliot Page para encarnar a Aquiles. Por otro lado, se ha señalado la ausencia de actores y actrices griegos en el reparto. Además, se han alzado voces contra el vestuario y el diseño de producción, en particular por la apariencia de la armadura de Agamenón y de la nave de Odiseo. También existen reclamos por el hecho de que el público en general no puede acceder a la versión real de la cinta, dado que sólo hay 40 salas en el mundo con las especificaciones necesarias. En México, por ejemplo, de las 7,050 salas que reporta la SEGOB, sólo 20 son IMAX;  ocho de ellas están en la Ciudad de México y ninguna cuenta con el formato de 70 mm con relación de aspecto 1.43:1 con el que se filmó. Es destino de los mexicanos contentarse con una proyección recortada.

Como Wilson, Nolan ha sido criticado por el lenguaje modernista con el que plasma los diálogos de sus personajes. Aunque no es seguro que la base del guión de Nolan haya sido la traducción de 2017, tanto él como miembros del reparto se han referido a ella en entrevistas. Sin duda es curioso escuchar a Tom Holland –en el papel de Telémaco– referirse a Odiseo como ‘Dad’ usando el mismo acento que emplea para interpretar a Peter Parker; llama la atención que se refieran a los soldados con el sustantivo ‘Veterans’, cargado de significación estadounidense; es una jocosa sorpresa que de la boca de un frustrado Odiseo salga la invectiva anglicista ‘Fucking’. Nolan tiene en mente que su auditorio es, principalmente, el público angloparlante del siglo XXI y se ha adaptado en función de ello. El énfasis que da a los diversos episodios y temas presentes en el poema épico responde evidentemente más a las sensibilidades poscristianas contemporáneas que a las de los coetáneos de Homero o a las de los míticos héroes de Troya. En un divertido giro de las moiras, algunos clasicistas aplauden la indiscutible maestría técnica de la cinta, pero lamentan la caracterización de Odiseo y la ausencia de episodios clave en el guión; entre ellos está, irónicamente, Emily Wilson.

¿Hay acaso una versión auténtica de la Odisea? Además de las numerosas traducciones a la lengua vernácula, los poemas homéricos han dado pie a decenas de adaptaciones, inspiraciones y reinterpretaciones. Franco Rossi retrató la travesía de Odiseo en su miniserie para televisión de 1968; un año después, estrenó en cines una versión condensada, recortada. Entre muchas otras, existe una versión animada de 1987, así como una película para televisión producida diez años después. Recientemente, Ralph Fiennes y Juliette Binoche encarnaron a Odiseo y Penélope en The Return (2024) de Uberto Pasolini. En el segundo libro de la saga de Percy Jackson (y su correspondiente versión cinematográfica), Rick Riordan enfrenta a sus personajes a algunas peripecias de la Odisea. Los hermanos Coen trasladan el viaje a Ítaca al sur de los Estados Unidos de inicios del siglo pasado en su aclamada O Brother, Where Art Thou? (2000). Y ¿qué decir del Ulysses de James Joyce? ¿No es también la Eneida de Virgilio un fanfiction a partir del ciclo homérico? ¿Son más valiosas estas que las anteriores? ¿Cuál es el criterio?

El guión de Nolan no es el poema de Homero. Inventa una secuencia de acción en el Templo de Pilos. Opta por no incluir a los Feacios para trasladar el peso emocional del relato del caballo al palacio de Menelao. Incluye la lotofagia, pero la realiza en la isla de Calipso para enfatizar el olvido y la memoria. Cambia el encuentro con Aquiles en el Hades por uno con el novedoso soldado Sinon, en aras de enfatizar la culpa de Odiseo. Presenta a los Lestrigones no como caníbales, sino como heraldos de la Edad de Hierro. No incluye la masacre de las esclavas, tal vez porque no hay manera prudente de representarla hoy en día. De Laertes apenas hay una mención; de la madre de Odiseo, ni siquiera eso. Los dioses brillan por su ausencia; sólo aparece Atenea, aunque de manera ambigua. Nolan omite el famosísimo οὖτις/nadie en la cueva de Polifemo, por ser intraducible. Su Odiseo está más consternado por la culpa de sus acciones en Troya y por la pérdida de sus compañeros que deseoso de regresar a Ítaca. ¿Es criticable el proceder de Nolan? ¿Cómo debería adaptarse la Odisea?

En Le Mépris (1963), Jean-Luc Godard convierte esta pregunta en uno de los conflictos de sus personajes. Paul Javal –interpretado por Michel Piccoli– es contratado por el nefasto productor estadounidense Prokosch para reescribir la adaptación que dirige Fritz Lang, quien actúa en su propio nombre. Ante las insistencias de Prokosch para presentar a un Odiseo que retrasa su vuelta a Ítaca para no reencontrarse con Penélope, Lang se empeña en hacer “la Odisea de Homero o nada”. Busca entender el drama perenne de Odiseo y, citando La vocación del poeta de Hölderlin, lo sitúa en la ausencia o presencia de los dioses. En un eco retroactivo de la crítica a Nolan, dice: “Pienso que es estúpido cambiar al personaje de Ulises. No es un neurótico de los tiempos modernos, sino un hombre simple, astuto y robusto”. Javal está más interesado en su drama personal, en por qué su Camille (Brigitte Bardot) ya no lo ama. Godard utiliza la Odisea y uno de sus temas –la separación y el deseo de reencuentro entre cónyuges– para apelar a sus propias sensibilidades, a las del público de su época y, sin duda, también a las nuestras.

En una reciente conversación, el profesor David Lévystone nos explicaba que ya desde la Antigüedad hubo discrepancias sobre qué hacer con Homero y sus héroes. A propósito de Odiseo, condujo nuestra atención a dos discípulos de Sócrates: Platón y Antístenes. En el Hipias menor, uno de los considerados ‘diálogos tempranos’ de Platón, Sócrates discute con el sofista que da título al texto sobre los poemas homéricos; se preguntan: “¿Quién es un mejor hombre, Aquiles u Odiseo?”. Para Hipias, Aquiles es el mejor y más valiente, Néstor el más sabio y Odiseo el más astuto, el más polýtropos. De acuerdo con Hipias, la politropía —la que caracteriza a Odiseo— es la marca negativa de quien engaña, miente y dice falsedades. Mientras que Aquiles es directo y veraz, Odiseo triunfa gracias a sus (arti)mañas. Según su costumbre, Sócrates discrepa: se esfuerza por mostrar que el poder no está en decir siempre la verdad ni en equivocarse, sino en tener la habilidad de hacer lo que se quiere cuando se quiere. Para Sócrates, Aquiles es polýtropos en sentido negativo, pues cambia de parecer como una veleta al viento ante cualquier estímulo externo. Odiseo, por su parte, es necesariamente sabio porque, para engañar, necesita conocer la verdad y porque tiene el alma de mejor condición, aquella que puede actuar voluntariamente. Esta idea se replica en un diálogo posterior, el Fedro. En él, Sócrates y Lisias discuten sobre la naturaleza de la retórica y afirman que el retórico, como Odiseo, es capaz de convencer mediante engaños, porque conoce la verdad de cada cosa. La retórica es psicagogía, es decir, el modo de conducir el alma. Dado que no existe un acuerdo universal sobre lo que se entiende por “bueno” o “justo”, el buen retórico debe ser capaz de reconocer los tipos de alma y los diferentes caracteres de las personas para seleccionar el tipo de discurso adecuado para cada público y lograr la persuasión.

La misma idea es defendida por Antístenes, fundador de la escuela cínica, en su reconsideración de la figura de Odiseo —la cual conservamos en los Escolios a la Odisea de Porfirio—. Ante una postura análoga a la de Hipias, que tilda negativamente a Odiseo frente a la virtud de Aquiles, Ajax y Néstor, Antístenes defiende la sabiduría del rey de Ítaca precisamente por ser polýtropos y no a pesar de ello. Para Antístenes, el sabio es hábil para conversar y puede expresar lo mismo de muchas maneras (polloi tropoi). Presenta dos nociones de politropía: por un lado, están quienes se expresan sólo de una forma (monotropos) lo que resulta en que, por la variedad de caracteres, el mensaje se reciba de muchas maneras diferentes, es decir, politrópicamente en sentido negativo. El verdadero polýtropos es quien sabe adaptar su discurso al auditorio en turno; quien, como el médico que ajusta el remedio al paciente, puede usar el discurso adecuado cuando habla ante niños, adolescentes o gobernantes.

¿Quién entiende, pues, a Homero? ¿Hipas? ¿Platón? ¿Antístenes? ¿Es Lang al subrayar la importancia de la relación con la naturaleza y la divinidad? ¿Es Godard, quien se preocupa por el amor y la distancia? ¿O es Nolan, con su advertencia sobre el inminente colapso civilizacional? Todos, de alguna forma. Todos son polýtropos al adaptar voluntariamente el poema más allá de la rigidez histórica o de la precisión mitológica. Buscan guiar el espíritu de su auditorio hacia aquello que les interpela profundamente, ya sea el conmovedor encuentro entre un fiel perro y su amo, el deseo de probarse como hombre, la ausencia de la persona amada o el atisbo de la divinidad en la furia de las olas. Si en algo acierta Nolan, es en reforzar la necesidad de contar y recontar las historias, como los rapsodas de la Antigüedad. Es necesario recordar las historias, reencontrarse con los mitos y los clásicos, para hallar en ellos las muchas verdades perennes sobre la condición humana, reveladas por la Musa. No sólo Odiseo es polýtropos: la Odisea misma es politropía.

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