REGISTRO DEL TIEMPO
14/1/2026

Tres conferencias de Jorge Semprún

Marco Ornelas

Jorge Semprún, Vivir es resistir, Tusquets, México, 2008

…me dirijo con esta reflexión a los hijos del siglo que fueron embaucados por las promesas que prodigaban aquellos hombres de buena voluntad.

Walter Benjamín

Afirma el filósofo español, Jorge Semprún, que vivir es resistir; así es que ante la barbarie: humanidad, contra el fanatismo, tolerancia, frente a la insensatez, la razón crítica.

En el año de 2002, Semprún, dictó tres conferencias en la Biblioteca Nacional de París sobre tres grandes intelectuales europeos: Edmund Husserl (filósofo), Marc Bloch (historiador) y George Orwell (escritor), a las que denominó: “Morales de la resistencia”. En aquellas ponencias, el filósofo recordaba los momentos difíciles por los que atravesaba el mundo. Eran los años de 1930 a 1940: la Segunda Guerra Mundial, el nazismo, el estalinismo, pero, sobre todo, la bomba atómica y los campos de concentración y exterminio.

En “Edmund Husserl”, la primera conferencia, Semprún evoca al filósofo alemán que dictó también, sólo que en la Viena de 1935, una conferencia titulada: La crise de I´humanité européenne et la philosophie. En ella, Hussel se refirió a la crisis europea, a partir del desarrollo de la idea histórica-filosófica de la humanidad; señalando los factores de resistencia intelectual contra aquellos años de conflicto. Según Semprún, tanto para él como para el padre de la fenomenología, la única alternativa contra el salvajismo era el renacimiento de Europa a partir del espíritu de la filosofía. Solo se podría renacer, decía Husserl, si se vuelve al “heroísmo de la razón”, es decir, si se vuelve a la vocación primigenia de Occidente, que significaba ―y aún hoy, significa―, el ejercicio de la crítica.

En la década de los treinta, la crisis europea para Husserl era el producto del fracaso del tratado de Versalles, del fracaso de la Sociedad de las Naciones, del fracaso económico y, principalmente, del fracaso de la política de reconciliación franco-alemana. Viena, además, 1) había dejado de ser la capital mundial de la cultura; 2) había sufrido la derrota del movimiento obrero socialdemócrata y 3) el nazismo estaba en pleno ascenso. Recordemos que, en 1921, Freud había publicado su libro La psicología de las masas y análisis del yo, de donde se desprendía que ante los derrumbes sociales las colectividades, como sucede hoy en día, buscan siempre refugió en la guía de líderes carismáticos, redentores. Sin embargo y pese al análisis de Freud y al diagnóstico de Husserl, ¿cómo los alemanes podían saber qué el nazismo desembocaría en los campos de concentración? ¿Cómo podían los rusos saber que el socialismo de la revolución bolchevique terminaría en dictadura? Siguiendo primero a Husserl, después a Freud y por último a Robert Musil en su conferencia de 1934, El escritor en nuestro tiempo, Semprún que, como sobreviviente de los campos de exterminio nazi y testigo de las atrocidades soviéticas, aconseja tener prudencia, reflexión y crítica ante los fenómenos que anuncian las dictaduras; advierte que seguir el altavoz de la colectividad nunca en bueno; la falsa ilusión de un futuro utópico desemboca la mayoría de las veces en dictadurae; el único antídoto es la razón critica.

En la segunda conferencia, “Marc Bloch”, el filósofo español rememora su propio confinamiento en el campo de concentración de Buchenwald, en la ciudad de Weimar, en donde a su entrada todavía puede leerse la siguiente inscripción: “Aquí, el 11 de abril de 1945, dió la orden de insurrección el comité militar antifascista”. Semprún recuerda, ajeno a cualquier trauma y con altivez, que él formó parte de la resistencia contra los nazis. “¿Qué significó aquella insurrección?”, se pregunta, y responde radicalmente: “Enfrentar la barbarie”, enfrentar el totalitarismo y luchar por la democracia. Es lo mismo que hizo el historiador Marc Bloch, fusilado por la Gestapo en 1944. Su libro, La extraña derrota, publicado póstumamente, es, para Semprún, el segundo ejemplo de la moral de la resistencia. La conferencia está construida en tres partes; la primera, se refiere al testimonio de Bloch como oficial del ejército francés; la segunda, a la declaración de un vencido, y la tercera y última, al examen de conciencia de las decisiones que se tomaron en aquella época. Del libro de Bloch, nos cuenta Semprún, podemos extraer aforismos como este: “[...] no hay salvación sin sacrificio, ni libertad nacional plena si no se ha trabajado por conquistarla».

Marc Bloch dejó escrito en este extraordinario libro un testamento sobre la democracia y cómo los gobiernos deberían constituirse para alejarse de los absolutismos. Según el historiador francés, en palabras de Semprún, la mejor forma de gobierno es la república democrática, que consiste en respetar de manera categórica los contrapesos de los tres poderes y defender la pluralidad y el disenso. Si se llegará a dar el caso de que alguno de los tres poderes ganara más peso, deberíamos poner total atención porque podríamos estar en la antesala del despotismo. Bloch, a través de Semprún, recuerda que en las democracias todos los acuerdos deben tomarse desde el consenso y la persuasión, y nunca ser imposiciones unilaterales de un solo poder. La fórmula de la democracia para Bloch podría sintetizarse así: A vs B= C (postura-disenso-acuerdo).

Según Semprún, La extraña derrota es un apasionante ejercicio de inteligencia contra los totalitarismos desde la fe en la democracia. La democracia, concluye Semprún, “el sistema político más criticado por los extremismo”, representa, sin embargo, la única forma de gobierno que puede librarnos de ellos.    

En “George Orwell”, la tercera y última conferencia, el pensador español nos dice que si bien Husserl y Bloch fueron dos universitarios de prestigio, pertenecientes a la inteligencia judía integrada a la cultura europea,  Eric Arthur Blair, mejor conocido por su pseudónimo, George Owell, no sólo fue un hombre de origen modesto, un ex agente de la policía imperial británica en Birmania, un periodista, un vagabundo y un librero, sino también y sobre todo, dice Semprún, un intelectual que supo criticar con toda su inteligencia las posturas tiránicas de su tiempo.

Orwell, hombre de izquierda, simpatizante de los anarquistas españoles, pasó, entre 1939 y 1940, de la radicalidad a un discurso moderado sobre la democracia. En 1940 redactó una serie de artículos titulados En el vientre de la ballena, donde analiza de manera muy emocionante su pasado como militante de la izquierda marxista y su rompimiento con ella. En ellos arremete también contra las elites inglesas y las posturas de la derecha. Es el periodo en el que se acerca al pensamiento democrático, a la única forma de gobierno donde está permitido pensar libremente y escribir libremente.

En 1945, escribe Rebelión en la granja, donde ridiculizó fuertemente el estalinismo. Por esto, para Semprún, Orwell es el tercer ejemplo de su modelo intelectual. Lejano del academisismo de Husserl y cercano al activismo de Bloch, Orwell fue un escritor que vivió en la entraña de la Europa totalitaria; le tocó vivir el imperialismo, el fascismo, el comunismo y también el capitalismo. Como los otros, nunca renunció a la inteligencia y a la crítica, aunque eso significará romper con sus propias ideas. “Si algo significa la libertad –escribió--, es el derecho a decirle a la gente lo que no quiere oír”.

Ahora que las conferencias impartidas por Jorge Semprún están cumpliendo once años de su publicación en español, en medio de una grave crisis civilizatoria, releer a los análisis de Semprúm, sobre esas tres figuras que atravesaron las barbaries de los años treinta y cuarenta, es fundamental para alertarnos frente a lo que viene y no repetir los errores del pasado.

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