La Faute à Voltaire (La culpa la tiene Voltaire) es una película dirigida por Abdellatif Kechiche. Recuerdo haberla visto a principios del siglo XXI en la Muestra Internacional de Cine. Retrata la vida accidentada de un inmigrante tunecino indocumentado, pero también la crisis del ideal republicano francés y las profundas grietas de la desigualdad social, la exclusión y la inmigración. De alguna manera, exhibe las fallas estructurales del Estado que desencadenaron las protestas actuales en Francia. El título de la película, como es obvio, es una ironía directa respecto de los principios de la Ilustración (libertad, igualdad y fraternidad) personificados por Voltaire. El protagonista, Jallel, llega a París creyendo que es la casa de los derechos humanos, pero se topa con un sistema burocrático y policial inflexible que lo empuja a la absoluta marginalidad.
Algunos análisis sobre las recientes protestas en Francia apuntan a la misma contradicción. Mientras las instituciones pregonan la unidad republicana y la igualdad universal, la realidad cotidiana de miles de jóvenes franceses, particularmente en los suburbios obreros como Seine-Saint-Denis, es la falta de recursos del Estado de bienestar, la precarización educativa y la exclusión social.
La película de Kechiche fue una de las primeras en mostrar de manera descarnada un París multicultural invisible, lejos de las postales turísticas, plagado de desempleo, economías informales y albergues de asistencia social. El epicentro de las recientes revueltas estudiantiles y civiles no se originó en los distritos ricos, sino precisamente en las periferias obreras desfavorecidas (banlieues). Los disturbios ponen al descubierto la explosión de furia de una generación atrapada en el mismo entorno de abandono institucional que la película retrató hace más de dos décadas.
Jallel se ve constantemente amenazado por la deportación, el control policial y la imposibilidad de integrarse legalmente. Todo ello refleja un Estado que funciona más como un agente persecutorio que como un ente integrador para ciertos colectivos. La crisis actual, marcada por saqueos, toques de queda y miles de detenciones, expone una desconfianza acumulada y sistémica de la juventud hacia el Estado. La respuesta gubernamental de desplegar fuerzas masivas y suspender garantías evoca la misma muralla institucional contra la que choca el protagonista indocumentado de la película. La situación es delicada, puesto que, a la luz de las imágenes que han circulado en redes y medios, resulta difícil pensar en otra alternativa para contener el caos.
La culpa la tiene Voltaire es una especie de radiografía profética. Los disturbios actuales demuestran que las advertencias planteadas por la película siguen vigentes: cuando las promesas universales de igualdad de la República francesa no se cumplen en la vida real, el tejido social termina por fracturarse violentamente.




%209.32.38%E2%80%AFa.m..png)
%209.18.25%E2%80%AFa.m..png)
%2010.43.47%E2%80%AFa.m..png)