En 2019, Jean Meyer me invitó a coordinar el número 76 de la revista Istor, dedicado a los cristianismos de Medio Oriente. Hacía notar en mi presentación de dicha publicación que, con frecuencia, varios cristianos pasan por alto una obviedad: el cristianismo nació en el Medio Oriente, no en Roma. Por alguna razón más o menos comprensible, el cristianismo suele asociarse de inmediato con Europa y la Edad Media. Varios cristianos interesados en ahondar en su tradición conocen algo de la patrística griega, pero sobre todo de la latina. Casi todos los cristianos saben quién es san Agustín. Ignoran, en cambio, una cantidad considerable de literatura cristiana escrita en siriaco, árabe o copto. No es mala idea difundir un poco más las escasas traducciones al español de las obras de Efrén de Siria, Jacobo de Sarug, Isaac de Nínive o Jacobo de Edesa, entre otros.
En México, desde hace pocos años, hemos iniciado una modesta colección publicada por la editorial NUN, con la finalidad de dar a conocer parte del pensamiento de los cristianos de Medio Oriente. Entre los títulos publicados figura una obra importantísima de Sidney Griffith, La Iglesia a la sombra de la mezquita: musulmanes y cristianos en el mundo del islam, que traduje en 2022 junto con Venancio Ruiz. Tristemente, el profesor Griffith falleció el pasado 19 de julio en Washington. Fue un destacadísimo especialista en cristianismo árabe, en el monacato siríaco, en los encuentros entre cristianos y musulmanes, y un importante promotor del diálogo ecuménico. Buena parte de su carrera académica transcurrió en la Universidad Católica de América. Recibió el Premio Rumi de la Paz en 2009 y, ese mismo año, la Sociedad Estadounidense de Historia de la Iglesia le otorgó el Premio Albert C. Outler al mejor libro sobre la historia de la iglesia ecuménica precisamente por La Iglesia a la sombra de la mezquita. A modo de in memoriam, viene al caso recordar ese gran libro que tanto ha contribuido al reconocimiento de una historia compartida entre cristianos y musulmanes.
Griffith llamaba la atención sobre el hecho de que se suela identificar a los cristianos de Medio Oriente como cismáticos e incluso heréticos, como si fueran sectas cristianas alejadas de Roma. La iglesia a la sombra de la mezquita pretende modificar esa impresión. La herencia intelectual de los cristianos de Medio Oriente es, sostiene Griffith, patrimonio de toda la tradición cristiana, y sería muy pobre desconocerla. Además, el acercamiento entre musulmanes y cristianos es cada vez más necesario. La experiencia de los cristianos que han vivido junto a musulmanes durante siglos es de suma relevancia para quienes solemos dialogar con ellos. Un libro como el de Griffith ofrece un conocimiento más detallado de la historia y de la herencia religiosa e intelectual que compartimos. Ha habido, sin duda, episodios tensos y violentos. Hay desencuentros muy desafortunados, pero también ha habido esfuerzos, a veces poco reconocidos, por construir una mejor relación, con resultados sorprendentes en varios casos.
Griffith buscaba con su libro “ofrecer un panorama preciso de los logros culturales e intelectuales, incluyendo la postura teológica vis-à-vis con el islam, de los cristianos que hablaron y escribieron en siriaco y en árabe, y que vivieron en el mundo islámico desde los tiempos del profeta Mahoma (ca. 570-632) hasta la época de las Cruzadas a finales del siglo XI, incluso llegando a abarcar la era de las muy destructivas invasiones mongolas en Oriente Medio a mediados del siglo XIII”. El título del libro sugiere que la sombra proyectada por la mezquita tenía el efecto de eclipsar y, al mismo tiempo, de proteger a las demás instituciones del mundo islámico. Rara vez se reconoce que, a pesar de haber mermado las comunidades cristianas, el establecimiento de una cultura islámica de lengua árabe en el califato a finales del siglo IX también propició las condiciones que posibilitaron importantes desarrollos en la vida cristiana. Esta cultura árabe-islámica generó, tal como lo muestra Griffith, una nueva expresión cultural de la doctrina cristiana en árabe y también configuró el marco cultural dentro del cual múltiples denominaciones cristianas de Oriente finalmente definirían sus identidades.
Griffith narra la historia de los cristianos de Medio Oriente desde la manera en que su cultura y sus identidades confesionales se expresaron en árabe, lengua del islam. Griffith muestra con admirable erudición el modo en que esos cristianos redactaron textos filosóficos y teológicos con ideas propias en árabe, tradujeron al árabe gran parte de sus diversas tradiciones eclesiásticas del griego, del siriaco y del copto, y formaron académicos, científicos y clérigos que, aun en vida, adquirieron una reputación envidiable en el mundo árabe e islámico. Toda esa literatura, escribe Griffith, “contiene semillas de esperanza que, dentro de una esfera de libertad religiosa desafortunadamente ausente en muchos países islámicos, podrían hacer que una voz cristiana volviera a escucharse ahí donde el islam impera, a través de la propia lengua que domina el discurso religioso islámico. Esto podría allanar el camino para los cristianos del mundo islámico, a fin de dirigir a sus correligionarios en el resto del mundo hacia un diálogo renovado entre musulmanes y cristianos, agilizando el reconocimiento general de que en verdad existe una herencia “islamo-cristiana” a la que tanto musulmanes como cristianos pueden referirse en sus futuros esfuerzos para promover una convivencia pacífica y mutuamente respetuosa”. Cristianos y musulmanes no son necesariamente enemigos. Tampoco necesariamente amigos. Se puede coexistir con ciertas tensiones. Pero siempre pueden darse pasos importantes hacia el ecumenismo. El encuentro interreligioso puede hacerse más terso cuando se descubren intercambios lingüísticos, en este caso, con el árabe. Aquí puede verse una conversación entre Carlos Martínez Assad y yo sobre La iglesia a la sombra de la mezquita.
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