REGISTRO DEL TIEMPO
19/8/2026

La amistad y el Dios de todas las cosas

Diego I. Rosales

Mañana y tarde es una novela breve de Jon Fosse, publicada originalmente en el año 2000. Su traducción al español, realizada por Cristina Gómez-Baggethun y Kristi Baggethun, apareció en 2023, publicada por Nórdica Libros en coedición con De Conatus.

Destaco de ella su delicadeza para nombrar la vida y para decir la muerte. La primera parte, de más o menos 13 páginas, relata el nacimiento de un niño, Johannes, en Noruega. Fosse sabe describir emociones, domina el lenguaje de la pincelada, que, con uno o dos diálogos breves, exhibe el temor, el temblor, la vulnerabilidad y el asombro que un padre puede sentir cuando ve nacer a su hijo. No hacen falta demasiadas palabras para decir mucho. Como en sus otras novelas, Fosse rompe la puntuación ordinaria para incrustar a su lector en un cierto ritmo de lectura, que acompaña y acompasa la narración. Todo en Fosse suele ser vértigo y, cuando el vértigo descansa, lo que hay es un suave bamboleo, como el de una barca que flota en el agua y en cuya flotación sostiene y lleva a quien la conduce sin motor. No se sabe quién lleva a quién: lancha a navegante o navegante a lancha; Fosse a lector o lector a narración.

Después de la primera parte, la novela continúa con un día en la vida de Johannes. Pero no el que acaba de nacer, sino otro. Un sujeto con el mismo nombre. Un viejo, a quien le están pasando cosas raras y cuyo entorno familiar y amistoso está lleno de gente con el mismo nombre que el entorno del otro Johannes, el bebé que acaba de nacer.

A Fosse le encanta el juego de espejos, pero no al modo del deseo mimético girardiano, o como Girard detecta que ocurre en ciertas obras de Shakespeare o de Goethe. El juego de espejos de Fosse no consiste en imitar al otro, sino en ser otro, y al mismo tiempo en ser uno mismo. Los personajes de sus novelas tienen normalmente un par de sí mismos en otros. Y no se sabe nunca si la historia de ambos es un universo paralelo, o un desdoblamiento, o una alucinación. Uno de sus grandes temas es la aparición y desaparición de la conciencia de un yo que sabe, o no, de sí, y que, al diluirse en el tiempo de la vida, constituye una verdadera biografía.

La historia de Mañana y tarde es entrañable y dura. Johannes sufre. El primer Johannes y el segundo Johannes. Nacer no es fácil, pero el cariño, la caricia y el pecho de la madre le dan un mundo a ese niño que apenas llega. El otro Johannes, el viejo, sufre de otro modo: olvida, sueña, escapa del tiempo. Pero no está tampoco solo. Su amigo Peter aparece como el asidero que otorga confianza a su andar precario en el mundo que poco a poco se le va extinguiendo. Peter no es particularmente entrañable, pero se sabe, porque nos lo cuenta Fosse así, que sin él Johannes permanecería en el limbo al que van los no bautizados: sin un norte existencial, ni aquí ni allá. El Peter de Mañana exhibe, a mis ojos, el importante lugar que la amistad ha ocupado en la vida de Fosse. No es posible escribir estas cosas sin haberlas alguna vez siquiera atisbado o intuido o, cuando menos, deseado.

Como es natural, Mañana y tarde también habla de Dios. Habla de la muerte y de la vida eterna. Del fin de todas las cosas y del destino último del corazón de un hombre. En sus escasas 102 páginas —que se leen de una sentada—, el librito resulta un encomio a la amistad por el papel que tiene la mano del amigo en la confrontación con la verdad sobre lo que Johannes es y que íntimamente lo constituye. No sé si Fosse habría querido intencionalmente dar a la amistad este papel tan importante que le atribuyo, pero tengo el derecho de hacerlo, pues su obra ya no es suya, y así me lo parecido a mí: el amigo es quien pone nuestra mano en la puerta de la eternidad, su presencia es un gesto del Dios que, amándonos en todas las cosas y en toda la vida, regala al ser humano una compañía que, aunque no aniquile la tremenda soledad que nos habita, cuando menos la ampara y la acompaña.

Fosse sabe hablar de nuestras miserias: nuestros pecados, nuestros vicios, nuestros amores, nuestras esperanzas. Nada humano le es ajeno, porque todo eso, que es miserable, es abrazado y asumido por una rara presencia de divinidad que inunda las páginas de la novela y permite a sus protagonistas ser tremendamente humanos. Hay algo sumamente escandaloso en esta forma de literatura, y creo que ello consiste en que todo aquello que mira está visto bajo la especie del Bien.

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