25. El gran espejismo

Editorial

Editorial

En un opúsculo de 1935, pocas semanas antes de entrar a trabajar en la fábrica automotriz de Renault, Simone Weil escribía que una vida en la que la noción misma de trabajo haya casi desaparecido, quedaría abandonada a las pasiones y quizás a la locura. Pese a su carácter opresivo, la experiencia obrera no cambió sus ideas; las ratificó. Weil descubrió que no sólo hay alienación en el trabajo que se realiza bajo amenazas y en condiciones precarias, sino también en la existencia humana inútil, que no se hace cargo de su propia subsistencia. Comprobó en sus pocos, pobres y extraordinariamente ricos años de vida, que una de las condiciones de la cordura y de la salud de los seres humanos está en el trabajo libre, que supone entre otras cosas la aceptación de su atadura a las necesidades que la carne le impone. Trabajar es bueno. Con la mano y con el intelecto. Porque la libertad llega bajo las condiciones de una paradoja: el ser humano supera su condición cuando la acepta; y esa condición es, eminentemente, la carne: una mezcla de limo, almizcle, vaho y espíritu, convocada al Bien y a la Verdad.

Este número de Conspiratio busca custodiar desde la crítica esa condición humana y el mundo que la hace posible. La técnica —o tecnología— forma parte del actuar humano ordinario sobre la naturaleza, de su cultivo, de su transformación en un hogar. Pero la conciencia humana ha sabido, desde Moisés y Esquilo, que la técnica tiene sus límites y que sobrepasarlos destruye al ser humano, no precisamente por la vía del aniquilamiento sino por la de la anulación: el borramiento del rostro.

El último gran grito de la moda —no un grito de gozo sino de espanto, al parecer— es la Inteligencia Artificial generativa. En este número buscamos mirar este nuevo invento desde una perspectiva que nadie quiere asumir, porque aceptar el espectáculo que dicha mirada arroja implica renunciar al dogma del progreso y a la comodidad que unos cuantos están creando para sí mismos. No queremos aquí ponderar en una balanza las ventajas contra las desventajas de la Inteligencia Artificial, sino tratar de arrostrar lo que esa tecnología está haciendo a la condición humana y prefigurar el lugar en el que después de ella quedarán la libertad, la acción, el trabajo y la gratuidad.

Sabemos que el tren del progreso no es ya un tren —cuerpo robusto, industrial, visible y audible, visiblemente violento—, sino un pulso de fotones que viajan a 200,000 km por segundo a través de fibra óptica. Si el tren del progreso no puede detenerse, menos aún este rayo de luz, aunque se requieran toneladas de infraestructura y de recursos naturales mucho mayores que los de un tren para que el pulso de fotones viaje por un cable. No ejercemos la crítica para cambiar las cosas. Sabemos que no pueden cambiarse. La ejercemos porque el daño exige que comencemos a vivir, al menos, en tensión. La ejercemos para vivir dignamente nuestro final y porque creemos, con la Virgen Roja, que un mundo que quiera abandonar el trabajo y su condición carnal es un mundo condenado a la locura.

Suscríbete a nuestro newsletter y blog

Si quieres recibir artículos en tu mail, enterarte de nuestros próximos lanzamientos y apoyar nuestra iniciativa, suscríbete a nuestro boletín mensual para que lo recibas en tu correo.
¡Gracias por suscribirte!
Oops! Hubo un error en tu suscripción.