A Antonio
Este era un Poeta -
Es Aquel que
Pasmoso sentido destila
De Ordinarios Significados -
Y Esencia tan desmedida…
Emily Dickinson
Plano abierto en agua que no flota, vibra,
mis piernas, igual de amplias,
descercadas pariendo los puntos que les faltaban a nuestras íes.
La siempre enramada con aquellas palabras,
casi las mismas cada día, enraizadas, entorchadas, tritostiladas
barroco nuestro jardín romántico vuelto ruinas aún siendo habitado. (¿Estarás ahí?)
Por cada historia de la costa o la laguna,
una más, grandilocuente, sobre el dolor y el miedo que realmente desconocimos:
selenosis en las dos manos que como panes multiplicamos y volvimos cuatro.
La pena antediluviana corría en tu corteza viva por la albura como savia hirviente,
me rodeaste con ese líquido que era más bien eco de todas tus voces,
yo quieta, duramen, me fui oscureciendo para resistir los embates de nuestros vientos.
Mientras, alimentabas lo que dormíamos sin soñar, reiterando jaculatorias en arameo,
siendo en cada relato la coma necesaria
de todas las palabras por mí descreídas, pero imprescindibles para sostener el mito.
Tanto y más de lo necesario mantuvimos el estado de flotación:
tú ofrendabas tu sangre, cada vez más y menos pura de alcaloide,
yo corría distancias eternamente sinuosas, jadeante pero recubierta de tu jadeíta.
Me había vuelto anfibia, cíclica y autofágica (¿cuanto más podría haber continuado?)
pero tus heridas supuraban de más, líquidos que no eran de este plano,
puños en nariz, pies en cuenco visceral, bulbo raquídeo a punto de reventar.
No muy luego, riego, nubes bajas de tormenta silente,
viento dorado sembrado de pienso,
olor leñoso y acre a lavanda y musgo, presagios de la tortuosa sepultura.
Huellas en la arena pintada de sargazo, tendida de conchas diminutas,
tú, ya sin ser tú. Yo, tan lejos como pude de aquél tú,
haciéndome de un jardín de tabla flamenca, dorado de hoja y lustre de tempera.
Pude verte claro, después de noches que duraron años,
hasta que habías partido señero,
arrebatado por ti mismo en un mar serenísimo, mondo:
T R A N S P A R E N T E:
Soy, entonces, soy.
Como siempre debió ser, como prometiste que sería,
puya, charrasca, yerra, mas erguida.
Crece lo que bebimos, te susurro desde lejos,
descansan nuestras lenguas y oídos de no saber cómo ni dónde, saciados, al fin
de la fugacidad de los astros y el flamboyance a unos kilómetros de donde expiraste.
Cada vez que vienes de vuelta por la noche, fracaso,
no consigo sostenerte mientras sobreaguamos en tu sangre,
en mi sudor, en lo que aún reverbera de nuestro líquido pleural.
Así que invariablemente (y mientras escribo) suelto tu mano, tus cabellos empapados,
lo poco o mucho que supe verdadero por revelado en el sereno.
El peso de tu cuerpo permanece, como única herencia, en mis coyunturas:
soy una Piedad más bien Guernica, Chiapas, Cisjordania, tanta pena de alaridos sin palabras.
Te veo, incluso más que antes, cada vez que golpeo las teclas,
te veo alejarte ahí donde por fin hallaste anémonas, hidras, sepias y chocolatas:
de ti sólo quedó la transparencia…de mí tu visión y una eterna tormenta alcanforada.
