Número 23. Aquí no es nada

Viendo Mankinholes Methodist Chapel, Todmorden, 1975 de Martin Parr

Sergio David Lara
Poesía
‍
‍Καὶ καταντικρὺ τούτων ἄλλοι πάλιν ἄνδρες καὶ γυναῖκες τὰς γλώσσας
αὐτῶν μασώμενοι καὶ πῦρ φλεγόμεν[ο]ν ἔχοντες ἐν τῷ στόματι· οὗτοι
δὲ ἦσαν οἱ ψευδομάρτυρες.
‍
Y enfrente a éstos, otros hombres y mujeres se mordían sus lenguas, y
tenían fuego ardiente en sus bocas. Y éstos eran los que habían sido
testigos falsos.

Apocalipsis de Pedro.

‍

Se escuchan las trompetas, los jinetes,

la cohorte completa de los ángeles

ordenados así: por estaturas.

El coro de tambores,

de tubas y timbales,

resuena por lo alto.

‍

‍

La infancia es aquel sitio donde aprendemos a nombrar lo que nos duele. Mi madre repetía, como si hiciera planas escolares, la misma perorata: que siempre lo mejor,

que lo más sabio, era no sucumbir a los deseos. Que “mira esa manzana”, mejor no se te ocurra. Así es como se pierden lo cabales. Jamás me persigné y estoy seguro de

que ese era el lugar, ese el momento.

‍

‍

No mires hacia arriba, no preguntes.

El cielo está pintado de tragedia

y vienen por los justos:

traen bien hechas las cuentas

y tienen anotados tus errores,

los días en que flaqueaste

y te faltó decir:

“buen día, buenas tardes,

que dios me lo bendiga”.

‍

‍

Me parece que algo de litúrgico tiene nuestro deseo: ceremonioso, ritual. Tiene algo de ridículo. El protocolo para sentarse a la mesa, dar el primer bocado. El alimento

(metafórico), lo que intenta no ser tan evidente —nombrar la carne: un corte sobre el plato y la decisión que tengo que explicarle varias veces. Que no, ya no, que nunca

más. Pero la boca se hace agua (agua y no vino, aunque quisiera). Limpiarse con cuidado y, sobre todo, no atascarse. Quiero decir: tener recato.

‍

‍

Se escuchan unas voces

y estoy muy seguro de que es hoy

porque en lo alto hay querubines

y pienso que es latín

la lengua de sus cantos,

y yo que justo hoy no hice la cama

no me lavé los dientes, no hice nada

de lo que me tocaba estar haciendo:

no me he podido arrepentir,

no me dio tiempo,

y ahora que han llegado por nosotros,

no hay nadie que despierte a mis testigos.

Suscríbete a nuestro newsletter y blog

Si quieres recibir artículos en tu mail, enterarte de nuestros próximos lanzamientos y apoyar nuestra iniciativa, suscríbete a nuestro boletín mensual para que lo recibas en tu correo.
¡Gracias por suscribirte!
Oops! Hubo un error en tu suscripción.