Número 23. Aquí no es nada

El mundo como espectro

Patricio Ramos Catalá
Columna

Me gustaría empezar este escrito con una reflexión sobre el tiempo, no el tiempo como medida, tampoco el tiempo desde una perspectiva físico-científica, sino el tiempo como la expresión misma de la vivencia, el tiempo tal como se nos presenta y su relación con la representación/presentación del mundo. Quizás el fenómeno más interesante en cuanto al tiempo es el instante. Cuando hablamos de instante hablamos de lo más efímero, pero equivalentemente hablamos de lo eterno. El instante no tiene medida del tiempo, es atemporal e incognoscible. Cada instante al reflexionarse pierde su espontaneidad y se convierte en representación, pero aquello que ya es tomado en esta figura pierde su inercia, pierde su realidad. El tiempo, que era flujo, se coagula en forma; lo que era pura aparición se transforma en signo. La conciencia intenta retener lo inasible, pero en ese intento fija y separa, introduce distancia entre lo que es y lo que ya no es, entre la experiencia y su recuerdo. De alguna manera la representación del tiempo, de la memoria, es el retorno de lo muerto, de lo irrecuperable.

Roland Barthes en su ensayo “La cámara lúcida nos habla de este fenómeno, la fotografía nos muestra al mismo tiempo un “esto ha sido” y un “esto será”. Al “capturar” el instante también lo asesina, el momento muere, la vivencia muere para poderle dar paso a su representación. Por ejemplo, si tomamos la foto de una persona haciendo un gesto, el gesto tal como se nos mostraba en ese instante no puede repetirse en las mismas condiciones, el instante está perdido y lo que queda es una representación que no cuenta como vivencia, sino como retorno de lo muerto. La representación nunca nos muestra lo que es, sólo puede darnos una imagen, un recorte de la realidad seleccionado desde una mirada, modificado por el aparato fotográfico y sin la posibilidad de vivencia. No es la nueva vida del instante, sino un regreso fantasmal. Es el acto de matar el devenir para dar forma a una permanencia ilusoria.

Este retorno, sin embargo, no se limita a la fotografía. Todo acto representativo, desde los más literales hasta los más abstractos, es una forma de muerte. Al figurar el mundo, al darle forma separamos al objeto de su estado “original”. Ya sea en la pintura, en la escultura o la palabra poética siempre se crea una imagen del estado artístico que no vuelve a repetirse. De alguna manera se sacrifica la inmediatez por la duración, por un eco que pueda convertirse en vivencia para alguien más. Entonces se nos muestra otra de las paradojas del tiempo: cuando alguien se enfrenta a la obra de arte, cuando entramos en contacto con el fantasma, este retorno genera una vivencia nueva, una relación única con el fenómeno que no puede repetirse. Por ello hablamos de la subjetividad del arte, que más que relativista es el regreso fantasmal de lo muerto que nos introduce en una nueva representación, generación de significado y una nueva muerte simbólica. Y así como el fantasma está en el umbral entre la vida y la muerte, de la misma manera, de la misma forma el arte es aquello que no está vivo ni muerto, un espectro que cambia de forma, un espacio concebido para ser vaciado de nuevo.

El lenguaje no escapa a esa paradoja. Cada palabra nombra para salvar, pero al nombrar también asesina lo que era puro acontecimiento. El ser humano vive en esta lucha constante entre concebir un concepto como algo que captura el fenómeno real y pensar las palabras como el vacío puro, simplemente como herramienta para representar el acontecimiento. Ambas posturas están sostenidas sobre una falacia de univocidad. Un terror absoluto hacía la ambigüedad, una necesidad de no-contradicción, de que las cosas caigan siempre de un lado o de otro.

La palabra, no obstante, es también un umbral. No está viva en el sentido de que capturemos la realidad con sólo nombrarla, pero tampoco está vacía, ya que la sostiene la vivencia. La palabra es la única posibilidad de sentido que tenemos ante el mundo. La palabra es un espectro. Está lista para ser figurada por el receptor sin perder por completo el sentido que la ancla al mundo. Ni viva ni muerta, es fantasmal. Por eso la poesía nos invita a no apartar la mirada del espectro, a ver a la palabra como imagen, como posibilidad. En la poesía no se busca que la palabra signifique, sino que aparezca. Porque toda palabra es también un nacimiento imposible: una forma que brota del silencio para recordarnos que el sentido sólo existe cuando se atreve a morir un poco.

En la actualidad vivimos en una sociedad que le teme a la muerte, que en su afirmación por la vida imposibilita y niega a la muerte como parte esencial de la vida. Desde este lugar creemos que las cosas caen en el todo o en la nada, absolutismo radical que no nos permite conectar con nuestra antropología. No tomamos en cuenta que nuestra relación con la muerte es también el origen de lo humano. En las primeras comunidades humanas la muerte no era el final. Las presencias seguían habitando el mundo; la vida continuaba en forma de espectro ya fuera desde la figura, el tótem o la palabra. Hoy, el regreso de los muertos es visto simplemente como superstición. No logramos captar el sentido de las palabras. Buscamos explicaciones descriptivas.

El sentido del espectro va más allá de lo real o lo irreal, lo literal o lo figurativo. Nos muestra el único contacto que tenemos con la realidad. Es una mediación que representa lo que ya no está, pero cuya imagen actúa sobre los vivos. Nuestra percepción de realidad nace de ese deseo de mantener lo desaparecido, de construir imágenes, nombres y rituales que no detengan la muerte, pero que la transformen en espectro. Lo humano empieza allí: en la conciencia de que toda vida necesita su fantasma para seguir siendo. El mundo sólo puede tener sentido desde lo espectral.

Suscríbete a nuestro newsletter y blog

Si quieres recibir artículos en tu mail, enterarte de nuestros próximos lanzamientos y apoyar nuestra iniciativa, suscríbete a nuestro boletín mensual para que lo recibas en tu correo.
¡Gracias por suscribirte!
Oops! Hubo un error en tu suscripción.